jueves, 26 de marzo de 2015

La memoria de lo inútil



No entiendo ya el apego a ciertos objetos inútiles. Entiendo que los objetos almacenan memoria, pero no todo vale la pena recordarlo. Un día me deshice de libros y revistas sobre historia del fútbol, de camisas de manga corta y medias con rombitos, de zapatos que jamás usé, de cuadros que nunca más expondría y que habían perdido significado, de cassettes con música que podría encontrar en la red, de botellas de vino lindas y vacías, de espejos que habían reflejado todas mis edades.

     

Y no es que me convertí en un ejemplo de muchacho, pero ya no tenía ese estúpido diploma diciéndome, como si fuera una primicia, que en tercero de secundaria me fui a la mierda y que andaba catatónico e infeliz en las clases y en la vida. Y es que hay un tiempo para botar. No puedes guardar un teléfono inalámbrico que ya no recibe señales o un disco rayado de Tom Jones que te regaló una tía que ya hace mucho detestas. La memoria sana es la que está en ti, en tu cabeza, no la que está en los pliegues empolvados de una casaca que no va con tu edad o servida en una taza rajada de los setenta. Aun así, hay pensamientos sin representación física que deben echarse también.



 No soy un optimista, es cierto. Y por eso no ando encontrando megaproyectos rentabilísimos  en el futuro ni me autodenominaría jamás “emprendedor”, pero al menos quiero mi camino despejado, limpio del dolor amarillento de mis libretas de notas y mis cuadernos Loro, con tan sólo alguna que otra carta hermosa escrita tras la foto de una ciudad portuaria que amé. Así quiero estar, en silencio o con mis tangos viejos recién aprendidos, sin las tristes canciones de Ian Curtis trayendo nubarrones sin lluvia desde Lima.  No quiero vivir tropezando con desperdicios de mi historia. Quiero un futuro lleno de emociones inciertas donde la vida o la muerte me sorprendan tras una esquina, sin el retrato de un viejo supersticioso que me trate de aleccionar diciéndome: “Te lo dije”.


Chao.


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4 comentarios:

  1. César, me alegra muchísimo que decidieras escribir y compartir los resultados. Me encanta que puedas expresar tanto y que lo hagas de una manera tan fluida y natural que hace que sea un placer leer tus líneas. Un abrazo

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  2. Gracias, Rubi. Siempre es estimulante ser halagado por alguien como tú.

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