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| Imagen tomada de Perú.21 |
Mucho se ha criticado la falta de calle de Verónika Mendoza. Yo mismo, en algún momento, invocaba a los astros para que se decidiera a entrar a un taller de impro o de clown y que dejara de decir "a ver" antes de responder que Venezuela no es una dictadura. Pues bien, ahora pienso que ella no tiene que cambiar, sino que nosotros debemos entender que no necesitamos más payasos achorados en el poder y que tampoco necesitamos a un infeliz que nos represente o con el que nos identifiquemos, porque está claro que no nos gustamos, y que sería –o es- un despropósito elegir a alguien que replique la imagen que tenemos de nosotros mismos como sociedad.
Hace unos días, en el programa “Sin medias tintas”, Aldo Mariátegui recibió a Verónika Mendoza queriendo ser elegante y cagón a la vez. Uno puede ser irónico y elegante, pero no cagón y elegante; sin embargo, Mariátegui pensó que podía lograrlo. Con una bienvenida que él pretendía en francés, el tipo quería recordarle al país, que Verónika tiene pasaporte extranjero y así descalificarla moralmente para postular a la presidencia. Ella, con la elegancia de la naturalidad (ésa que dicen que no engancha con el pueblo), le respondió con bellísimas palabras quechuas que, por supuesto, Alditus comprende tan bien como el francés que intentó articular con la destreza lingüística de Julio Iglesias. Ella no contó un chiste, no lo ofendió, no necesito de una criollada para dejarlo como el trapeador de la clase dirigente que es. No. Ella sólo lo saludó en el idioma de sus ancestros por rama paterna y con eso no lo cagó –la gente decente no caga en público- sino que lo dejó en la misma mierda que ya habita, en ese espacio televisivo que, por derecho propio, ostenta un nombre que identifica a su equipo como seres sin matices, procaces, elementales, incontinentes frente a cualquier estímulo extraño. Y es que la ironía, la elegancia, la agudeza, la reflexión, circulan por una inmensa escala de grises, por una incuantificable gama de matices que le dan volumen, forma y, por lo tanto, sentido y sentidos a la vida. En los extremos que habita Mariátegui, en cambio, viven, encerrados en sus limitaciones la burla o la sobonería, la chacota o el drama, la mojigatería –encarnada en Mónica Delta- y la ramplonería.
Hace unas semanas, una amiga periodista, joven, decente y talentosa ella, comentaba con cacha que Verónika no crecía “porque los periodistas son malos”. En alguna medida comparto su humor -a pesar de que Verónika no se queja nunca-, porque siempre es un riesgo innecesario generalizar a la hora de hallar responsabilidades en el fracaso o el éxito de terceros. Pero lo que sí me queda claro es que el periodismo peruano como gremio, como ese cuarto poder del que se ufana ser, sí es malo y malísimo. Malo por su calidad y por sus aspiraciones (ahora sí generalizando), pero sobre todo por su mala entraña, por su achoramiento y su codicia. Y es que esa prensa poderosa, concentrada casi en su totalidad en un solo grupo económico, no sólo margina o violenta a candidatos como Verónika Mendoza, sino que limita sus cupos a periodistas serios y objetivos, y si los limita y no los excluye totalmente es porque hay un negocio tácito que yo resumiría en “tú me das la imagen de amplitud y diversidad de opiniones que me hace falta y yo te dejo escribir tus caviaradas”. Esto, claro, no les preocupa mucho cuando se trata de sus medios escritos, porque en el Perú la mayoría de gente no lee ni las figuritas que distinguen a los hombres de las mujeres en los baños, pero sí cuando se trata de la tele. Allí, estos periodistas honestos sólo cuentan con el cuestionable beneficio de ser invitados a un panel. Y es que, claro, Luis Davelouis les es útil porque es un tipo valioso y experimentado, pero cuando lo que importa es chancar a la mala y entre cinco a la joven y dulce Vero, escucho la voz de Lalo Archimbaud diciendo por los altavoces “Aaaatención, se prepara cambio…” , y allí entran delanteros tan torpes y extraños como el confundido y confuso Mijael “nosotroslosjóvenes” Garrido Lecca, para preguntar sin censura sin medida ni clemencia para consigo mismo, cosas que empiezan con frases como “si usted hubiera sido homosexual…”.
Afortunadamente, Verónika estuvo en una gran noche y creo que se despachó a los cinco con aplomo, humor y dignidad, mientras en el caso de Alditus y Mónica Cecilia Teresa, qué decir, pues, esta vez el crimen y el pandillaje no les pagó nada bien. Y aunque esto no determine un cambio importante en las encuestas, nos ha otorgado a muchos el derecho de reír por un par de días consecutivos.

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