Cuando todo un contingente de policías abre con violencia
las manos de un campesino para ponerle un arma que nunca portó ¿lo hace porque
se le ocurre? Cuando un reportero gráfico capta en su cámara el preciso
instante de la farsa ¿lo hace porque le parece correcto? Cuando un medio de prensa
envía al mencionado reportero con ese fin específico ¿lo hace a cambio de nada?
Luego de que, hace más de una década, viéramos a Vladimiro
Montesinos corromper a periodistas, dueños de medios de prensa, alcaldes,
congresistas, cómicos, faranduleros y demás "líderes de opinión",
muchos pensamos que, ante nuestra incapacidad de informarnos por medio de la
lectura, las imágenes filmadas habían venido a salvarnos de la corrupción y la
mentira. Ahora pienso que el efecto ha sido inverso. Dejar en dramática
evidencia nuestra miseria como nación, lejos de hacernos ver la realidad, nos
ha adormecido frente a la injusticia, ha normalizado la mentira y la corrupción,
nos ha dejado ciegos frente a la infamia.
Acá todos saben cuando un alcalde se llena las manos de
plata producto de las coimas, todos se dan cuenta cuando un ex presidente miente
descaradamente al decir que tiene las manos y la conciencia limpia, todos
tienen muy en claro que los principales objetivos de cierta candidata son sacar
de la cárcel a su padre delincuente y acrecentar la fortuna familiar. Sobre
todas estas cosas no hay sólo indicios, hay evidencias. Pero ¿de qué sirve que
todas las investigaciones apunten a la cara de los culpables, si ni siquiera las
imágenes son capaces de hacernos reaccionar?
El día que Alan García le metió una coz en el culo a Jesús
Lora -un humilde hombre con algunos rasgos de retardo mental, treinta centímetros
más bajo que aquél y cien kilos más liviano-, yo pensé que su carrera política
por fin había terminado. Una vez más me equivoqué. Hoy el susodicho es
nuevamente un candidato de fuerza.
Pero volviendo al campesino sembrado con un “arma
punzocortante” en Islay ¿Servirá de algo la evidencia filmada para cuestionarnos sobre
la realidad de la minería en el Perú? Conozco a gente respetable que piensa que
dicho proyecto no tendrá un impacto nocivo sobre el agua y la agricultura
de la zona, pero cuando uno ve los métodos que ellos utilizan para
conseguir sus objetivos, lo más saludable es dudar, dudar mucho y
tener presente la historia de la explotación minera -y de los trabajadores mineros- en el Perú. Claro, porque una cosa es carecer de memoria y otra muy distinta
hacerse el cojudo.


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